Reseña: NIvel 10

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Reconozco que no soy lectora habitual de distopias y menos aún en los últimos tiempos. No me importa leer historia ambientadas en escenarios jodidos o que los personajes sufran una colección de putadas que no se me ocurrirían ni a mí, algunas de las obras reseñadas en esta Cueva son prueba de ello. Sin embargo, necesito que me ofrezcan un mínimo de esperanza, que me dejen con la idea de que merece la pena luchar, porque, para el pesimismo, ya me basto yo solita.

No obstante, Nivel 10 tenía algo que me llamó la atención desde un primer momento. No sé, me dio la impresión de que no me iba a encontrar con lo típico ni me cruzaría con tropos que me dan ganas de partir cabezas. Y últimamente mi olfato está bien afinado, será consecuencia de tener un presupuesto limitadísimo para mi vicio. Cando desde el blog de El Constructor de Mundos se lanzó un concurso en el que había que idear las bases de una distopia, decidí participar. Y para mi sorpresa, gané.

Como mi verano lector ha sido horrible, no pude sumergirme en la lectura de esta novela hasta hace unos días. Mi olfato no se equivocaba. Me me enganchado a la historia, he disfrutado conociendo las particularidades de esa sociedad, he sufrido con los personajes y contenido las ganas de soltar alguna colleja. Me he encontrado con una trama que se sale de los parámetros habituales del género, optando por un enfoque que personalmente he bautizado como slice of life distópico. El eje narrativo de Nivel 10 es la historia de dos mujeres que se enamoran en una sociedad que cataloga como crimen la homosexualidad. No hay revolución, sino la lucha aislada de las víctimas de esa sociedad injusta por llevar una vida lo más digna posible.

Aunque, mejor contextualizo un poco la trama. Nivel 10 se desarrolla en un futuro cercano donde no son necesarias las cárceles. Esto no se debe a la ausencia de criminalidad, sino a que los delincuentes son castigados con la implantación de un C-BeCon, un dispositivo neuronal que responde con dolor cuando percibe "impulsos delictivos". Los cebeconeados son marcados con un lunar negro bajo el párpado inferior izquierdo, que sirve a la par de estigma y de banco de datos. La intensidad del castigo y la facilidad con la que este se desencadena, dependerá del nivel de culpabilidad y el de castigo, pues en esta sociedad se puntúa hasta el prestigio o la credibilidad de una persona, lo que marca sus posibilidades de acceder a ciertas universidades, trabajos o incluso dónde puede alquilar una vivienda. Más allá del estigma que implica portar ese lunar o de que este identifica de igual modo a todos los penados, sea cual sea su falta, el mayor problema de este sistema es que, en Saphen, la homosexualidad está considerada un crimen, lo mismo que sufrir trastornos psicológicos.

Dentro de ese contexto vive Úrsula, una actriz en alza que ve cómo su vida se desmorona cuando es condenada por conducta homosexual. Ella es uno de los puntos fuertes de la novela. Es un personaje muy cercano, muy humano, con el que resulta imposible no epatar, porque su historia podría ser la nuestra. No es una cruzada, pese a que reconoce como injusta su sociedad antes de ser su víctima, sino una persona normal, con sus aspiraciones y sueños, que intenta sobrevivir en ese mundo retrógrado de la mejor forma posible. La sencillez y el tono directo de la narración ayudan aún más a identificarse con ella, a compartir su sufrimiento, su angustia o sus esperanzas.

Su relación con Daphne está muy bien llevada también, pese a que el punto de partida de su relación no sea fácil. La historia de amor avanza en todo momento de forma creíble. En general, los personajes, sus acciones e interrelaciones son uno de los pilares del libro. Nos caigan mejor o peor, estemos de acuerdo o en desacuerdo con ellos, o incluso cuando nos entran ganas de sacudirles una colleja al pensar que la están pifiando, sus acciones se antojan acordes al contexto o la personalidad de cada uno. No están exentos de incoherencias, pero se mueven dentro de los límites de la contradicción humana.

El aspecto más puramente cifi de la historia también funciona a buen nivel. El C-BeCon y su funcionamiento nos resultan factibles. La formación de la Fani Álvarez en neuropsicología se percibe en lo currado que está el funcionamiento del invento, pero la autora no satura al lector con excesiva información técnica. Los inventos cotidianos que aparecen a lo largo de la narración dan lustre futurista a la misma y, a la par, resultan fáciles de visualizar porque muchos de ellos son evoluciones que nuestra sociedad ha empezado a imaginarse. Saphen, su sociedad, su mentalidad y su cultura nos resultan coherentes, además de cercanos Son un espejo donde ver la evolución que podría tener el lado más mezquino de la humanidad. De esta ambientación me han gustado especialmente detalles como el modo en que funciona el teatro en ese mundo futuro, ver los gifs convertidos en una expresión artística digna de figurar en un museo o las breves referencias a escritores, películas o personajes populares que ayudan a otorgar realidad al escenario.

En lo que respecta a la ambientación, solo puedo poner un par de "peros". Me habría gustado conocer cómo se produjo esa involución en la sociedad; la novela funciona bien sin mostrarlo, pero es el tipo de información que me suele otorgar un extra a la hora de disfrutar de una historia. Otro aspecto en el que me hubiese gustado que se profundizase es el mundo exterior, sobre todo en los primeros compases de la novela. Durante la lectura me iba preguntando si Saphen era una excepción o más países usaban el C-BeCon; si en todos estaba penada la homosexualidad o solo en algunos. Si sería posible para alguien condenado por un "crimen" como el de Úrsula huir y buscar asilo en un lugar menos retrógrado. Hacia el cierre se da alguna pincelada que aclara parte de esas dudas, pero, como decía antes. me habría gustado conocer primero y con algún detalle más la situación más allá de las fronteras de Saphen.

El no tener claro ese contexto, creo, hizo que me resultase algo precipitado el final de la historia, que, por otra parte, me ha parecido coherente y equilibrado. No obstante, es un problema menor dentro de un contexto que funciona.

Por lo demás, la novela me ha gustado, me ha hecho sufrir por y con los personajes y me ha enganchado desde sus primeros compases. En este aspecto, quien busque una distopia más al uso puede tener la sensación de que la trama tarda en arrancar, dado ese enfoque "cotidiano" de la narración, pero para mí, precisamente lo bueno de este Nivel 10 ha sido espiar el día a día de Úrsula, acompañarla en sus paseos, padecer con sus pesadillas, sufrir con sus ataques, compartir sus esperanzas, los breves lapsos de felicidad...

En resumen, Nivel 10 es una lectura muy recomendable que me ha hecho disfrutar y padecer como lectora. 

También, aunque son obras muy distintas entre sí, me ha despertado las ganas de releer los cómics de Strangers in Paradise cuando termine el Leo Autoras Octubre.

Comentarios

Fani Álvarez ha dicho que…
¡Muchísimas gracias por este pedazo de reseña! ^^ Me alegra que te haya gustado y hayas disfrutado con el mundo de Saphen y con mis chicas. Un abrazote :D
Ana Moran ha dicho que…
De nada. Si algo mola, hay que recomendarlo. ;) Un abrazo para ti también.
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