Diversidad, tan necesaria como enriquecedora

*Nota. El presente artículo es una revisión de otro que escribí hace unos meses, tras la enésima discusión sobre si existe necesidad o no de introducir diversidad en nuestros escritos, o si introducir personajes que no sean cisheteronormativos convierte a una novela en panfleto. En su día, intenté centrarme en cuestiones literarias, hoy quizá sería más beligerante


BatwomanHace ya un puñado de años, cuando aún era una novata en esto de escribir, participé en una iniciativa, a medio camino entre el concurso y el taller literario, en la que los relatos eran comentados de forma anónima. El mío, un homenaje al giallo que hoy me resulta bastante mediocre, recibió todo tipo de comentarios; muchos de ellos me ayudaron a mejorar como creadora de historias, pero hubo uno que en su día me desconcertó y tal vez marcó en parte mi escritura. No puedo citarlo de forma literal, pero venía a decir algo así como «el que las protagonistas sean lesbianas no aporta nada a la trama».

En su día no respondí. El anonimato obligaba a quedarse callado hasta el fin del periodo de comentarios y votaciones. Hoy me limitaría a decir «aporta lo mismo que si fuesen heterosexuales». Aportara poco o nada en función de las ramificaciones que tenga nuestra trama. La orientación sexual es una característica más de las personas. Necesitar que esté fundamentada en la trama es tan absurdo como decir que un personaje no puede ser aficionado a la filatelia si la narración no se articula en torno al coleccionismo de sellos, o que el hecho de que la detective protagonista de nuestra historia no beba alcohol tenga que deberse bien a un pasado de alcoholismo (¡viva la originalidad!), bien a que es miembro de la Liga Antialcohólica. Es más, pensar que ciertas cualidades solo pueden aparecer si la trama obliga a ello transmite, sin buscarlo seguramente, el mensaje de que el autor no ve a ese grupo de personas como «normales». Y resulta muy triste y muy duro también sentir que, por ser diferente, uno es anormal.


Las cualidades de un personaje, muchas veces, no tienen más función que ayudar a construirlo y hacerlo más sabroso o más insípido en función de qué elementos combinemos y cómo. En cierto modo, narrar una historia se parece a cocinar un guiso. Muchos de los ingredientes que incluimos no son necesarios para que, por ejemplo, el cordero sea apto para ser consumido. Sin embargo, son los responsables de que el plato nos resulte más o menos rico. Tradicionalmente, las recetas eran como entes inamovibles (por mi zona, básicamente, necesitabas ajo para adobar el cordero, cebolla para la salsa, vino blanco, pimentón y agua o caldo), pero hoy en día nos vamos haciendo más globales, más inquietos y más exploradores, incluso con los platos más clásicos. En el esquema básico de antes puedes cambiar la cebolla por puerro o manzana, usar vino tinto, coñac, cerveza... o incluso cambiar el pimentón por curry. Aunque pueda parecer mentira, para hacer esto último no hace falta planificar todo un menú de comida hindú, solo plantearte que una pizca de curry le da un toque muy rico al cordero y que, por ponerla, no va a dejar de ser un cordero guisado.

Del mismo modo, introducir un personaje diverso no obliga a que la trama gire en torno a eso. Nuestra sociedad puede ser una exenta de racismo, LGTBfobia o machismo. Incluso si ambientamos nuestra historia en el mundo real, problemas como la discriminación pueden ser algo que mostremos de modo puntual, un reflejo del escenario donde transcurre la historia, una faceta de carácter que hace aún más odioso a ese compañero de trabajo... Un complemento que añade chicha a lo narrado, como las interacciones de la protagonista con sus vecinos, las averías del ascensor del edifico donde vive o sus discusiones sobre cómics con su pareja. Volviendo a la mujer policía del segundo párrafo, el único fundamento que necesitamos para que, por ejemplo, sea negra y lesbiana es que tal cosa sea posible en el contexto histórico y social donde se desarrolla la historia. Luego ya, si queremos aprovechar algo más su vida personal dentro de la trama, podemos hacer que su novia sea una experta en mitología griega y le dé una pista de por qué el asesino usa como firma una pluma de pavo real.

Los condimentos, bien escogidos, siempre dan gracia al plato y los elementos de trama bien ensamblados otorgan mayor solidez a nuestra novela. Lo importante es equilibrar los componentes.

Ahora bien, que el cordero salga rico añadiéndole curry no quiere decir que solo pueda hacerse así, ni que se deba usar siempre la misma variedad de curry, no puedan usarse otras combinaciones de especias o sea obligatorio que todo el mundo prepare el cordero siguiendo tu receta. Es un absurdo. Como absurdo es en lo literario hablar de imponer cuotas, porque las cosas hechas con desgana suelen salir mal. Otra cosa es que tú mismo pienses que tus historias cojean a la hora de representar los personajes femeninos o que te gustaría introducir más diversidad y al principio te plantees cubrir unos mínimos». Eso no deja de ser un objetivo de mejora, no muy diferente a dedicar una de las correcciones del manuscrito a podar tus coletillas recurrentes. Mejorar por propia convicción siempre es positivo.

DianaHunt
Diana Hunt
Personalizando un poco, cuando empecé a escribir Las Hijas de las Tinieblas, (la primera novela protagonizada por mi detective Diana Hunt, de la que espero dar novedades en el futuro), me planteé como reto personal que no fuese una mujer blanca, para huir de ciertos estereotipos racistas que podían surgir a raíz de su enemistad con Ojos de Jade (señor del crimen de ascendencia china). El carácter de «cazadora» implícito en su nombre me inspiró a convertirla en mestiza, mitad apache jicarilla. La cosa podría haberse quedado en esa pincelada, pero este punto de partida me ayudó a introducir elementos que enriquecieron personaje y escenario, que no habrían existido si hubiese sido el clásico varón blanco cishetero. Y es que las aventuras de Diana no se desarrollan en el mundo actual, ni en el futuro, sino a finales de los años cuarenta del siglo XX. Además de ser mestiza, es bisexual, fue militar y alcanzó el grado de coronel del ejército del aire. Crear un contexto adecuado para sus aventuras, y para que ella no fuese una anomalía dentro del sistema, me obligó a tejer un universo ucrónico, oscuro pero más igualitario, que me permite desarrollar tramas imposibles en un contexto realista.

A la hora de crear personajes y el mundo que los contiene, al final, todo es cuestión de dar con la mezcla adecuada, para que lo interesante no se convierta en inverosímil o lo accesorio no devore la historia. Sobre esto último no está de más tener en cuenta otro factor; si trabajamos con personajes recurrentes, un detalle accesorio en una historia puede ser un eje de trama en la siguiente. O, no. Pero no olvidemos que la originalidad de un personaje, esos detalles que lo diferencian de otros similares, ayuda muchas veces hacerlo inolvidable.

Iridiscencia
Iridiscencia, antología de relatos fantásticos protagonizados por personajes LGBT+

Permitidme hacer un inciso personal sobre la representación. He llegado a leer que esta no resulta importante. Ante eso, diré que muchas de mis historias han nacido de mi necesidad como lectora de encontrarme buenos personajes femeninos en géneros donde, tradicionalmente, tenían roles muy limitados. Cuando era cría, si me disfrazaba de ninja, iba disfrazada de tío, parecía impensable que una chavala pudiese ser también tal cosa. Los referentes de ficción nos ayudan a veces a tejer nuestros objetivos en la vida. Así que sí, un buen personaje te enganchará sea como sea, pero no por ello los referentes dejan de ser esenciales. Ayudan a visibilizar, a que otros nos comprendan o uno se entienda o acepte mejor a sí mismo. Por eso es importante, sobre todo en ciertos géneros, que surjan voces que apuesten por la diversidad en todos sus espectros.

Eso no obliga a que el resto tengan que hacer otro tanto. Cada uno es soberano de su obra. Pero es bueno reflexionar y darse cuenta de que la orientación sexual de un personaje o su identidad no necesitan estar fundamentadas en la trama, como tampoco lo necesita su color de ojos.

Me gustaría dejar clara una cosa. Apostar por la diversidad no es una moda; sería como decir que los personajes femeninos fuertes, o alejados el menos de los estereotipos de florero o dama en apuros, también lo son. Se trata simplemente de reflejar un mundo cada vez más plural.

Y aprovechando que en esta Cueva me permito el autobombo, un par de recomendaciones de lecturas que podéis pillar por costo cero.

Iridiscencia:  Una antología maravillosa; quince relatos de género fantástico con protagonistas LGBT+, escritao por otros tantos autores. Incluye mi Diablo Gris, un western fantástico con toques chamánicos ambientado en un mundo de creación propia. En su versión digital, la antología es gratis. También la podéis pillar por Amazon a precio de coste.
https://lektu.com/l/manuel-perez/iridiscencia/9415

Las aventuras el Comando Gabek: Serial ambientado en un futuro próximo, donde una plaga mutante cambió el mundo tal y como lo conocemos. Entre otras cosas, se crearon cuerpos especiales, algunos de ellos compuestos exclusivamente por mujeres. Entre ellos destaca el Comando Gabek, liderado por la Capitana Golden Fist, quien debe su nombre a las dos prótesis que sustituyen a sus manos desde los dieciséis años. La capitana mantiene una relación con Artemis, una de sus compañeras; otra agente es ace; la piloto es una antigua abogada de origen navajo y la quinta integrante es una japonesa que ha superado los cuarenta, madre soltera de un adolescente.
Ahora mismo lo tengo un poco abandonado por culpa de otros proyectos, pero tengo ganas de regresar a sus historias y escribir por fin una donde pueda profundizar más en el personaje de Beretta.
https://lektu.com/c/ana-moran/594/comando-gabek
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